Seleccionar página

Esta reflexión es un homenaje y un agradecimiento a un ser muy querido que acaba de partir e iniciar una nueva etapa del camino, mi gata Malva. Tú eliges si quieres escucharla o leerla.  

Adiós, querida Malva

Querida Malva, querida amiga

Te escribo esta carta porque desde hoy has iniciado una nueva etapa del camino, que no podemos compartir físicamente.

Estoy triste porque al llegar a la casa, no apareció a recibirme un figura sigilosa con el rabo en alto.

Porque ya no importa si guardo la pluma con la que escribo estas palabras o la dejo encima de la mesa, con temor a que durante la noche, la encuentres, la tires al suelo y comiences a jugar con ella.

Estoy triste porque al sentarme con mi computador en el sillón, no llegarás reclamando un espacio en mis piernas en el que dormitar tranquila.

Sin embargo, no creas que esta es una carta triste, al contrario. Es un homenaje a lo que hemos compartido, un reconocimiento a todo lo que he aprendido de ti y un hasta pronto sentido y sereno.

Siempre me ha causado curiosidad esos bandos contrarios de los que son de “perros” y los que son de “gatos”. Ese juego humano y sin mucho sentido en el que otorgamos características y actitudes personales a dos tipos de animales que solo se dedican a ser eso, perros y gatos. Pero que en ese ser perros y gatos, tal vez hay algunas cosas importantes que aprender.

Quiero darte las gracias por ayudarme a entender lo que significa el verdadero amor.

A menudo, he vivido el amor como lo que necesito recibir del otro para sentirme bien, lo que me llevaba a convertirme en quien no era, con tal de seguir recibiendo mi dosis.

Alguien dijo que el origen del apego es una creencia, un paradigma basado en la posesión y la dependencia. Esta creencia nos “da” el derecho de exigir “pórtate bien” a un animal o una persona, lo que se traduce en que tienes que actuar como yo creo para ganarte mi amor. Por eso, los gatos como tú son catalogados de interesados y manipuladores.

Nada más lejos de la realidad. Siempre me entregaste tu amor, pero no por ello dejaste de ser quien eras para agradarme o congraciarte conmigo.

Ese actuar tuyo me permitió entender la diferencia entre el apego y el desapego.

El apego genera sufrimiento y dependencia y reclama posesión y lealtad. Por eso el papá o la mamá gritan frustrados “después de lo que he hecho por ti…” o “con lo que yo te quiero…”

El desapego, en cambio, genera aceptación y nace de la independencia. Aceptar al otro como es, sin esperar que se convierta en lo que a mí me conviene o creo que debería ser. Y así, comprender que cada cual tiene que vivir sus propias experiencias y a su ritmo.

Gracias por demostrarme que para el alma no ha distancia física o temporal, y que cuando dos seres se conectan desde la aceptación y el respeto, surge un amor libre y pleno, sin manipulación, ni chantaje.

Ahora que sigues tu camino, estoy en paz y tranquilo, porque como postula la ciencia y la espiritualidad, la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. O lo que es lo mismo, viniste del Todo, la Fuente o Dios y vuelves al mismo lugar, a casa…

Estoy en paz, porque nuestras almas, que son permanentes, seguirán conectadas más allá de la distancia física o temporal.

Yo te re-cordaré mientras viva, te guardaré un espacio en mi corazón, agradecido de haber compartido contigo una parte del camino y de haber sido suficientemente humilde como para mirarte y aprender de ti.

Querida amiga, que tu alma encuentre el camino a casa y se reintegre allá de donde vino.

Con todo mi amor, adiós.

Ismael Bermúdez

Compártelo¡¡

A quien le interese este tipo de contenidos, te lo agradecerá. Y yo también ;)