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Cuántas veces has escuchado eso de “así son las cosas y así han sido siempre”; “la vida es muy dura y no regala nada a nadie”. “Es lo que nos ha tocado”. “Trabaja duro, porque el dinero no cae del cielo”. Y otras tantas frases del mismo tipo…

¿Realmente tiene que ser así? ¿Hasta qué punto somos dueños de nuestra vida o víctimas de las circunstancias que nos tocan? ¿Cuál es el margen que depende de nosotros? ¿Cómo afecta nuestra actitud de vida en todo esto?

Toma la mejor actitud

Hay muchas definiciones de actitud, pero todas apuntan en la misma dirección: la “manifestación o el ánimo con el que frecuentamos una determinada situación”. Es decir, está relacionada con nuestro comportamiento cotidiano ante lo que nos ocurre.

¿Por qué entonces hay personas que logran tener una buena actitud y otras no ante las mismas circunstancias? ¿Por qué a nosotros mismos unas veces nos resulta y otras no? ¿De qué depende que seamos capaces de mantener la mejor actitud ante la vida?

Viktor Frankl, sobreviviente a los dos peores campos de concentración nazi (Mauthausen y Auschwitz) en los que perdió a su mujer y su hija, cuenta en su libro El hombre en busca de sentido que fue testigo de lo peor y lo mejor del ser humano.

Vio cómo adultos judíos entraban de la mano con un niño a la cámara de gas, contándoles un cuento o cantándoles una canción para que no tuvieran miedo y cómo otros adultos judíos les golpeaban por la espalda con la culata de la escopeta para que se dieran prisa, y así ganar una paquete de cigarrillos más a final de semana.

Todos esos seres humanos vivieron la misma situación de terror, sin embargo, reaccionaron de manera opuesta. Por eso decía, “Nos pueden quitar todo, salvo la libertad de elegir la mejor actitud en cada circunstancia.”

Esta conclusión de Frankl nos puede servir para comprender el tremendo logro de un personaje emblemático del siglo XX: Nelson Mandela.

¿Cómo logró que sus “enemigos y captores” lo liberaran? ¿Cómo logró unir una Sudáfrica enfrentada y, aparentemente, irreconciliable?

En una ocasión, cuando le preguntaron cómo había soportado los 27 años que estuvo preso, dijo que, en realidad, se había estado preparando, y que “al salir por la puerta hacia la libertad, sabía que si no dejaba atrás el odio, la ira y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”.

La historia no termina hasta que lo logras

¿Qué tienen en común ambos personajes? Que tomaron la mejor actitud ante verdaderas catástrofes personales, y eso les permitió lograr resultados que nos parecen de otra galaxia.  

Hoy sabemos que a Mandela lo tildaron de “traidor” los de su propia raza, cuando se opuso a que desapareciera el equipo nacional de Rugby sudafricano, los Springboks (que era el símbolo del apartheid). Sin embargo, tenía una convicción, se empeñó, le puso coraje y le resultó.

Estaba convencido que necesitaba unir a blancos y negros, y que el equipo nacional de Rugby era una oportunidad para lograrlo. En el año 1995, Sudáfrica fue la sede del mundial de este deporte y los Springbocks salieron campeones al anotar en el último minuto.

De este manera, Mandela consiguió inspirar a una país entero y hacerles creer que juntos podían lograr mucho más que en una lucha sin fin. 

[Esta historia se recrea en la excelente película Invictus, te la recomiendo¡¡¡ Si eres de los que prefiere leer, la película está basad en el libro de John Carlin, El Factor Humano.] 

Es por eso mismo que lo admiramos y lo utilizamos de ejemplo, por el tremendo logro que consiguió, por el éxito de su historia. Pero toda historia tiene múltiples episodios, no todos igual de exitosos aunque sí igual necesarios… 

La historia se escribe desde el final, pero se construye con cada etapa, independiente de la alegría, el dolor o el sufrimiento que nos haya acarreado.

¿Es una locura o es coraje?

Mandela no fue el único que estuvo preso en Robben Island. Fueron muchas personas quienes sufrieron las terribles consecuencias del apartheid sudafricano. 

Recuerdo que en un viaje a Ciudad del Cabo tuve la oportunidad de visitar la isla y la famosa cárcel. Entré en la celda que ocupó Mandela y escuché el relato de lo que allí ocurrió de boca de un superviviente de la isla. Es decir, de una persona que estuvo presa en esa misma cárcel 14 años.

Cuando lo escuchaba me sorprendió mucho el resentimiento que había en sus palabras después de más de 20 años de ocurridos los hechos que relataba. 

Mandela estuvo preso 27 años, la persona que nos hacía de guía 14. Tenía todo el derecho de sentirse  víctima de una situación cruel e injusta, pero ¿por qué esa persona seguía pegada en el pasado y resentida, mientras que otro ser humano, habiendo estado casi el doble de tiempo preso, había logrado salir sin rabia, odio o resentimiento?

Si lo miramos desde el drama humano, lo que hizo Mandela es una “locura” y más aún cuando se propuso buscar la reconciliación, después de más de 50 años de discriminación y violencia contra los de su raza.

Pero si lo vemos desde el resultado, fue una decisión de mucho coraje, con una claridad tan sorprendente que el resultado siempre será recordado como un “milagro”, como uno de los acontecimientos históricos que engrandece al ser humano, por su capacidad de resiliencia y amor al prójimo.

Coraje significa poner el corazón por delante (cor- cordis en latín es corazón). Es decir, atreverse a seguir tus intuiciones, lo que tu corazón te dice, especialmente cuando las circunstancias están en contra. 

Confía en la Logística del Universo y vive con coraje

Estoy seguro que, al igual que a mí, a ti también te ha sucedido alguna vez que lo que en un primer momento parecía una desgracia, con el paso del tiempo se ha convertido en una bendición, ¿verdad?

¿Por qué entonces seguimos culpando a las circunstancias y juzgándolas como buenas o malas, cuando en realidad están ahí para ayudarnos en nuestro proceso de crecimiento?

Mandela cuenta en su autobiografía, El largo camino a la libertad, cómo la experiencia de la cárcel fue clave en su camino y cómo le sirvió para reflexionar y encontrar respuestas. En cambio, la persona que nos hizo de guía, aún seguía preso, debido a su resentimiento y a pesar de que hacía muchos años que estaba “libre”.

Pero, ¿cómo podemos vivir con coraje, pase lo que pase? Decía N.D. Walsch que “la pasión es el amor convertido en acción”. 

Vivir con coraje requiere tres cosas:

  • Intencionar: Encuentra el motor de tu vida, tus dones, tus habilidades, tus talentos y dales un sentido, un propósito. Es decir, dedica un tiempo cada día a conectar con tu vocación, con tu misión y ponlo en el centro de tu quehacer. De este modo, tendrás la suficiente claridad ante cualquier circunstancia.
  • Responder: Actúa de forma coherente con tu intención, independiente de lo que ocurra. Nadie ni nada puede provocar que cambies tu sentido de vida, salvo que tú lo permitas.
  • Aceptar: Aprende de cada circunstancia, de cada experiencia, de cada resultado. Pregúntate, ¿para qué tengo que vivir esta circunstancia? ¿Qué tengo que aprender? 

Así te convertirás en protagonista de tu vida y cada hecho será una oportunidad, porque tendrás la claridad que nace de la certeza del corazón. Esa que más necesitamos cuando llegan los momentos difíciles. 

Puedes leer también un artículo anterior en el que profundizo sobre este tema. Hablo del triángulo de la vida, de la diferencia que existe entre vivir en la zona de preocupación o en la zona de influencia; de si realmente podemos ser felices cuando vivimos con miedo y en automático.

Mandela se vio enfrentado a desiciones muy complejas en su mandato como presidente, pero tenía la claridad que surge de saber lo que quería y el coraje de no transarlo. 

Al igual qué él, a nosotros nos sucede lo mismo cada minuto de cada día, y tenemos la oportunidad de tomar la mejor actitud, que no es otra que aquella que más nos acerca quienes realmente queremos ser.

No se trata de ser héroes o locos, se trata de ser coherentes y tener coraje, para tomar las decisiones adecuadas.

Cuéntate la película de tal forma que merezca la pena

Mario Alonso Puig lo explica de forma muy gráfica en una de sus charlas. Pone el ejemplo del agua que hierve a los 100 grados. Pero si detenemos el calor cuando ha alcanzado 99 grados, no habrá pasado nada. La superficie del agua seguirá inmóvil, no sabremos que estamos tan cerca de lograrlo y todo el esfuerzo habrá sido inútil…

Nada logramos desde la victimización, cuando nos contamos nuestra vida desde la mala suerte y nos escudamos en lo que nos tocó o lo que los demás piensan.

A menudo, es probable que hayamos estado muy cerca de lo que de verdad queremos, pero no hemos tenido el valor de seguir hasta el final.

Por eso es fundamental intencionar lo que realmente queremos para nuestra vida, actuar de forma coherente y aceptar cada circunstancia y cada resultado como nuestros mejores entrenadores personales para seguir insistiendo con coraje, hasta que logremos que “el agua hierva”.

Porque las historias siempre se cuentan desde el final, pero somos nosotros quienes determinamos si ese final llegó o no.

Nuestra vida es nuestro mayor emprendimiento y nuestra felicidad nuestro mejor negocio. que lo logremos, es una cuestión de actitud y coraje.

Fotos: Pixabai y Unsplash. 

¿Te gustaría llevar un charla sobre este tema a tu organización?

 

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