Seleccionar página

Ve un resumen del artículo en poco más de dos minutos¡¡

 

  1. ¿Por qué es tan habitual la falta de colaboración y trabajo en equipo entre personas que pertenecen a la misma organización?
  2. ¿Por qué nos parece normal que las áreas/departamentos de una empresa actúen como si el resto no existieran o incluso como si fueran competencia?
  3. ¿Qué necesitamos para que las diferencias nos ayuden a crear sinergias y no problemas y dificultades?

 

Me ha tocado trabajar con grupos de personas de distintos tipos de organizaciones y empresas, y las constantes que más se repiten son las mismas:

  • Dificultad para trabajar en equipo.
  • Climas laborales complejos.
  • Escaso conocimiento de lo que hacen el resto de las áreas o departamentos de la organización.
  • Bajo desarrollo de la cooperación y las sinergias.

Y todo ello se traduce en desmotivación, competencia mal entendida, dificultades y conflictos, bajos niveles de productividad y eficacia, y bajos índices de innovación.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué está tan generalizada la sensación de que nos cuesta desarrollar el trabajo en equipo y la colaboración?

Las causas pueden ser diversas y varían desde la falta de liderazgo hasta la falta de empatía. Sin embargo, según mi experiencia, hay una clave fundamental que se puede trabajar como organización para facilitar el trabajo en equipo:

La creación o el fortalecimiento de una Cultura Organizacional que genere Identidad y Pertenencia. Es decir, una cultura organizacional sustentada sobre una visión compartida, sobre lo que tenemos en común.

¿Qué tenemos en común?

Tenemos la creencia de que el hecho de que nos contraten y nos paguen un sueldo es suficiente para que las cosas ocurran. Pero como seres humanos sabemos que no todas las personas encajan de la misma manera en todos los grupos humanos.

Eso que es natural en un grupo de amigos, no nos parece válido cuando hablamos de una organización, porque una cosa es el terreno personal y otra el profesional.

Tal vez este era un argumento que funcionaba en la era industrial y en las cadenas de montaje. Pero estamos viviendo un cambio de época en el que la innovación y la adaptación es una necesidad. Y nada de esto va a suceder, si no se da el trabajo en equipo y la colaboración.

¿Cómo podemos colaborar con alguien a quien no conocemos, con el que no sabemos qué compartimos por mucho que sea parte de nuestro equipo?

Cuando no sé lo que comparto con la persona que tengo al lado, las diferencias son un problema y nos alejan. Sin embargo, cuando ambos tenemos claro cuál es el interés común que nos une, nuestras diferencias enriquecen y favorecen la aparición de la sinergia.

Y esto no es casualidad, es un rasgo antropológico de nuestra especie…

Co-munidad con un interés co-mún = tribu

Cuenta Yuval Noah Harari en su libro Sapiens. De animales a dioses cómo el Homo Sapiens llegó a prevalecer sobre el resto de las familias de Homínidos con las que cohabitó, a pesar de que fue el último en aparecer sobre la tierra y que no era el mejor adaptado o más fuerte.

Si lo comparamos con el caso de la especie felinos, por ejemplo, hoy día cohabitan distintas familias, que son descendientes de familias de épocas pasadas: tigres, leones, guepardos, linces, gatos, etc.

¿Por qué no ocurrió lo mismo con la especie homo? ¿Por qué las razas de seres humanos actuales descienden todas del Homo Sapiens y no de otras familias de homínidos como por ejemplo los Neandertales?

Yuval habla de la Revolución Cognitiva, que no es otra cosa que la capacidad del Homo Sapiens de crear mitos, es decir, historias, motivos, sentidos o causas comunes que permitían a un mayor número de individuos colaborar entre sí, aunque no se conocieran.

Es lo que ocurre con la configuración de las naciones. No conocemos a todos nuestros compatriotas, pero nos une algo que es mayor que nosotros mismos y por eso estamos dispuestos a colaborar. No se trata de si es verdad o mentira, sino de qué aceptamos todos como propio y común.

Es decir, cuando pongo mis habilidades al servicio de lo que nos une, de ese sentido común co-construido que nos compromete y nos vincula, que nos permite construir un sentido de pertenencia, surge la sinergia y los resultados extra-ordinarios = innovación.

¿Cómo encontramos lo que tenemos en común?

Al igual que no hay dos personas iguales, independiente de las coincidencias que compartan, con las organizaciones sucede lo mismo, aunque tengan un modelo de negocio o productos y servicios similares.

Siguiendo esta analogía entre personas y organizaciones, surge el concepto de ADN Organizacional, que representa la idiosincrasia que hace única a una empresa y la diferencia de cualquier otra.

El ADN Organizacional es la base sobre la que se asienta la Cultura de la Organización y está formado por 3 círculos concéntricos:

  • Propósito
  • Valores
  • Personalidad

 

Propósito

Es el porqué y para qué que da sentido a todo lo que hacemos como grupo. Es la creencia, el sueño, la causa que nos inspira y nos motiva como organización.

Cuando lo que hacemos tiene un sentido y además compartimos ese sentido, surge la visión inspiradora que nos reúne y nos alinea.

 

Valores

Los valores son más que conceptos o palabras, deben ser acciones específicas que nos permitan actuar de una manera concreta y coherente con el propósito.

No es lo mismo decir “honestidad” y escribirlo bien grande para que todos lo vean, que “decir siempre la verdad” y definir cómo se aplica a los procesos y qué consecuencias tiene cuando no ocurre.

Los valores o principios son los que nos ayudarán a hacer realidad nuestra visión, el sentido que tenemos como empresa.

Los valores nos ayudan a entender cómo hacemos las cosas y nos exigen la disciplina necesaria para ser coherentes. Gracias a ellos, mostramos el carácter de nuestra organización.

 

Personalidad

El último elemento del ADN nos ayuda en el proceso de “visibilización” de algo que es más intangible como el propósito y los valores.

Se trata de construir la personalidad que tiene nuestra empresa, el estilo que encarna y personifica el propósito y los valores.

¿Para qué nos sirve lo que tenemos en común?

Gracias a los intereses que tenemos en común podemos construir esa visión compartida que se encarna en nuestro ADN Organizacional.

De este modo, creamos un espacio de convergencia al servicio del cual ponemos nuestras diferencias. Unas diferencias que no derivan en problemas y conflictos, sino todo lo contrario, generan debate, discusión y diferentes puntos de vista, fundamentales para que surja la sinergia y la innovación.

Entre paréntesis, esta convergencia que nos permite superar las diferencias (que no anularlas), es clave en todo proceso de inclusión.

Estoy convencido que el 99% de las personas cree que es necesario y muy bueno ser inclusivos. Sin embargo, algo ocurre que a la hora de la verdad, acabamos siendo discriminadores, y tal vez por eso parece necesario que haya leyes que “nos obliguen” a serlo por la fuerza.

En conclusión, gracias a la Visión compartida que co-construimos entre todos, surge el trabajo en equipo, la sinergia y el aprendizaje en equipo, del que hablaremos en otro artículo. Es decir, establecemos la colaboración como estrategia de desarrollo y crecimiento.

*foto del artículo de Providence Doucet on Unsplash

¿Te gustaría llevar un charla sobre este tema a tu organización?

 

Compártelo¡¡

A quien le interese este tipo de contenidos, te lo agradecerá. Y yo también ;)